Los muertos de Micheletti

Niko Schvarz
28.Jul.09 :: Opinión

El sábado 25, mientras el usurpador Roberto Micheletti en mensaje televisado denostaba al presidente constitucional Manuel Zelaya y juraba que bajo su gobierno (de facto) no había represión, se denunciaba el asesinato por parte de la policía y el ejército del joven trabajador Pedro Magdiel Muñoz Salvador, un albañil de Tegucigalpa y activo participante en las manifestaciones.



El crimen fue en Alauca, a la salida de Paraíso, el municipio fronterizo hondureño frente a Las Manos, en Nicaragua, donde se concentraba una gran manifestación que pugnaba por ir al encuentro del presidente y se vio impedido por los retenes militares y la represión subsiguiente.

El periodista Dick Emanuelsson, presente en el lugar de los hechos, ha reconstruido de manera muy precisa toda la historia ( http://tr-honduras.nuevaradio.org/?p=16 ).

El cadáver fue encontrado a 100 metros de la valla del ejército y la policía. Su cédula de identidad 0801-1986-15568 corresponde a Pedro Magdiel Muñoz Salvador, nacido el 14 de agosto 1986, de profesión albañil, maestro de obra, casado, con un hijo de un año, residente en la colonia San Francisco de Tegucigalpa. Detenido a las 17 horas del viernes, fue esposado, torturado y tenía 42 heridas cortopunzantes en su cuerpo, entre las cuales la de la arteria del cuello fue mortal.

La investigación demostró que era miembro del Frente Nacional de Resistencia al golpe y había tenido activa participación en las manifestaciones de la tarde del viernes, que dieron lugar a represión y lanzamientos de bombas lacrimógenas, como lo vimos en la filmación de Telesur. Fue detenido por la policía, de lo cual hay testigos, y estuvo retenido hasta las 6.30 de la mañana del sábado.

A la hora 7.00 fue encontrado muerto a 100 metros de la valla uniformada en un lugar desolado, al lado del muro de una procesadora de café en un campo abierto. La autopsia del forense demostró que la muerte se produjo entre la hora 2 y la hora 4 de la madrugada del sábado, o sea mientras estaba en manos de la policía.

Roy Chaderton, embajador permanente de Venezuela ante la OEA, denunció este hecho ante el secretario general y la presidenta de la Comisión Interamericana de DDHH, Luz Patricia Mejía. En la misma incidencia, se produjeron además dos heridos de bala y se registró más de un centenar de detenidos.

Con la muerte de este trabajador de 23 años, suman seis las víctimas mortales del golpe de estado del 28 de junio, que recaen sobre la conciencia del dictador Micheletti. Como se sabe, el joven Isis Obed Murillo fue asesinado de un disparo a la cabeza durante la manifestación del 5 de julio hacia el aeropuerto de Toncontín. El testimonio del Dr. Guillermo López Lone, presidente de la Asociación de Jueces por la Democracia, revela que allí los uniformados dispararon balas vivas, y no balas de goma como alegaban las fuerzas represivas.

La víctima siguiente fue el periodista Gabriel Fino Noriega, de la comunidad de San Juan Pueblo, departamento de Atlántida en el litoral atlántico. Salía de su noticiero en Radio Estelar de dicha localidad y lo acribillaron de siete balazos dos hombres que bajaron de un auto negro. El periodista informaba en su programa de las marchas por la recuperación democrática y también sobre persecuciones en el litoral atlántico. Había recibido amenazas de muerte por sus anteriores campañas a favor de iniciativas del gobierno.

También fueron asesinados dos activos militantes del partido de Unificación Democrática, que apoya al gobierno constitucional. Ramón García, de 40 años, fue obligado a bajarse de un transporte colectivo en el sector Callejones del departamento occidental de Santa Bárbara y posteriormente ultimado. Del mismo modo, Roger Iván Bados fue asesinado a tiros tras sacarlo por la fuerza de su propia casa. El 11 de julio fue asesinada, en San Pedro Sula, Vicky Hernández Castillo en un confuso episodio.

Estos crímenes fueron conocidos a pesar de que la dictadura los oculta y hace lo mismo una prensa que, salvo alguna excepción, está enteramente a su servicio; mejor dicho, es parte integrante del elenco golpista. La mejor prueba es que la misma silenció totalmente las grandes demostraciones por el retorno de Zelaya, en particular estas últimas en la frontera con Nicaragua. Además, los golpistas han procedido a centenares de detenciones arbitrarias, al barrer, y de allanamientos sin orden judicial.

Ahora en El Paraíso fue detenido uno de los más activos dirigentes de la resistencia, Rafael Alegría, de Vía Campesina, pero una rápida denuncia por todas las vías lo devolvió a la libertad unas horas después, como pudimos comprobarlo en Telesur. Denunció que cientos de manifestantes permanecían detenidos, en condiciones humillantes.

O sea que la dictadura no podrá borrarse la mancha de la represión sangrienta. Hay bastante más que decir al respecto.

La República