El golpe es una fisura brutal que abre grandes oportunidades para cambios profundos

Carlos Méndez
31.Jul.09 :: Entrevistas

Entrevista con Manuel Torrres Calderón. Periodista hondureño, ex jefe de redacción de Diario El Heraldo y consultor independiente es, desde hace mucho tiempo, una referencia obligada en el país cuando se trata de escarbar en la compleja realidad hondureña.



En esta entrevista, Torres Calderón nos dice que la crisis de la Honduras actual no solo revela una fractura histórica anunciada del modelo de sociedad que tenemos, sino también, la necesidad de construir rupturas, cuyo mayor desafío es la de retomar la formación ciudadana desde una perspectiva más integral y que tiene que ser con, pero fundamentalmente fuera del bi partidismo.

Manuel: El punto central es entender que Honduras vive un escenario de crisis múltiples y que en estas circunstancias hay 3 factores a tomar en cuenta: Uno es la crisis estructural del país, el agotamiento, estancamiento y hasta retroceso del modelo iniciado en 1982. El país inició en el 82 con varias transiciones: una transición política, jurídica, económica y social. Si las colocamos en un cuadro de avances, estabilidad o deterioro, la mayoría de indicadores ya hablaban de lo último, por tanto esta crisis era anunciada. Lo que no se podía determinar con certeza era los tiempos, protagonistas y escenarios.

Es más, esta no es la crisis que habíamos anticipado y que Honduras está pendiente de otra, o de otras crisis que van a estallar. Esta crisis estructural se manifiesta en varias formas. Una es la gran contradicción de construir una democracia de procedimientos electorales pero no una democracia real e integral, con respecto a las expectativas de la población y dentro de esa contradicción se encierra, lo que a su vez es un desafío central, y que consiste, en el choque entre una democracia representativa que se resiste a convertirse en una democracia participativa. Lo que podía haberse previsto teóricamente es que esta crisis iba a generar condiciones para que surgieran movimientos, incluso caudillos que forman parte de la tradición política hondureña, que viniendo de afuera, del modelo y del sistema, irrumpieran anti sistema y anti modelo. Pero no fue así. Lo que ocurrió fue el surgimiento de Manuel Zelaya dentro del bipartismo, con lo cual se refleja, al menos políticamente, que la crisis de la actual coyuntura, es la crisis del bipartidismo hondureño, entendiendo este como modelo de sociedad y no simplemente como Partido Liberal y Partido Nacional.

De hecho esta crisis es tan peculiar que es una alianza del Partido Nacional con el Partido Liberal para darle un golpe al partido liberal, o al menos a una fracción del Partido Liberal. Es casi inédito. Muy pocos casos en América como este, en donde el partido en el gobierno da un golpe al mismo partido de gobierno. Es una crisis del bipartidismo que es una crisis del modelo de sociedad. El bi partidismo es mucho más que ambos partidos: cultural, social, económicamente. Es una forma de conducir el Estado y de darle estabilidad a partir de un sistema de compadrazgos, de clientelismo político y de tráfico de influencias. El bipartidismo se está jugando también su propio pellejo en esta coyuntura. Lo que encontramos es que este bipartidismo surgido de estos 27 años de falsa transición democrática, es un bipartidismo altamente conservador. Reacio a cualquier cambio que debimos hacer el siglo XX y que nos mantiene anclados en él.

Pregunta: ¿ Manuel Zelaya no forma parte de este cambio?

Manuel: Manuel Zelaya encarna las potencialidades pero también las profundas debilidades y contradicciones de nuestra sociedad. “Mel” Zelaya nunca tuvo propuesta propia, pero sí fue capaz de advertir la necesidad de cambios que esta crisis supone y que es un elemento que debe quedar absolutamente visible. El cambio es imprescindible en la sociedad hondureña. No puede la sociedad hondureña continuar sin cambios a fondo.

En esto fundamento cierto tipo de optimismo ya que el cambio no nació con Mel Zelaya y el cambio no va a morir con el golpe de Estado. Ahora, esto que viene, implica partir de una recomposición que se ha dado en la sociedad hondureña y de transformar lo que tenemos ahorita que es, una fractura del modelo. Una fractura debe interpretarse como una interrupción en un proceso histórico y social, pero esta fractura para que realmente abra las posibilidades de cambio en el país, tiene que convertirse en una ruptura. La fractura no necesariamente es una ruptura. Por ejemplo, en los años 50s, las mujeres hondureñas conquistaron el voto. Eso fue una fractura con respecto a un modelo en el cual estaban marginadas, pero no fue una ruptura en tanto el derecho a ese voto no les cambió la negación del resto de sus derechos universales.
Hay una diferencia importante, entonces, entre fractura y factura y lo más importante todavía es que nosotros tenemos que construir esa ruptura.

Pregunta: ¿Cómo visualiza construir esa ruptura, con las falencias explicitas del movimiento social?

Manuel: El golpe contra Manuel Zelaya nos trae una fisura brutal de largo plazo por tanto no es un golpe contra un presidente en particular sino contra Honduras y con ello, nos trae grandes oportunidades pero no hay que cometer la injusticia de los años 80, en donde Honduras tuvo importancia solo por su ubicación geopolítica pero no por Honduras misma. Esta vez tenemos que rescatar Honduras. Es cierto que esto golpea también y toca a Latinoamérica, pero hagamos que ella haga lo suyo y nosotros ocuparnos de Honduras, porque: ¿de que sirve todo lo que ha sucedido, si internamente no logramos hacer de esta crisis, una agenda nacional? Esta crisis de alguna manera nos brinda la oportunidad de salir del siglo XX y entrar al siglo XXI y no es casual el simbolismo de que MIcheletti que inició esta transición en 1981 y que parece ser, la va a cerrar, simbólicamente, al encabezar este golpe.

Pero, de una fractura a una ruptura, media tiempo. Todo depende de la profundidad de esa fractura. En la revolución cubana, por ejemplo, la fractura fue ruptura al mismo tiempo, porque tuvo la radicalidad del proceso mismo. Aquí no tenemos esas circunstancias. Aquí, esta ruptura es más prolongada en el tiempo, pero tiene que tener consideraciones a tomar en cuenta. Uno de ellos, es que los actores sociales presentes en este conflicto tienen que involucrarse, pero no necesariamente son los que van a culminar.

El país frente a la construcción de esta ruptura, requiere de un nuevo liderazgo transversalmente y eso afecta al movimiento ciudadano porque requiere de un liderazgo y de organizaciones que tomen conciencia de que sus tareas de promoción de ciudadanía y de cambio deben ser revisadas. Eso es así porque lo que hacíamos antes, ya no responde a los nuevos desafíos a partir de esta crisis.

El reto es resolver el gran déficit del siglo XX que siempre se había advertido y es que esta formación social en la cual intervenimos de diversas formas, se moría cuando el ciudadano tenía que tomar una opción política. Llegábamos hasta la antesala de la opción política y luego lo dejábamos libre, frente al bi partidismo. Ahora, a mi juicio, se requiere retomar la formación ciudadana desde una perspectiva más integral. Tiene que ser con, pero fundamentalmente fuera del bi partidismo.

Para ello, tenemos que debatir mucho más, entre los educadores y comunicadores del país. Pero lo que no me cabe duda, es que todo esto tiene que ser parte de, ese retomar el siglo XXI del cual hablamos y que no logramos, al menos profundizar, todavía.

(*) Periodista. Centro de Comunicación Popular de Honduras (CENCOPH)