La política de “diálogo y reconciliación” de Porfirio Lobo

Giorgio Trucchi
16.Dic.10 :: Noticias

Militares y policías invaden la comunidad Guadalupe Carney :: “La violencia no detendrá nuestra lucha”



Desde tempranas horas de la mañana de hoy, 15 de diciembre, unos 600 efectivos del Ejército y la Policía rodearon y militarizaron la comunidad Guadalupe Carney, Trujillo, donde está asentado el Movimiento Campesino del Aguán (MCA), y donde desde hace diez días se mantenía una toma indefinida de la carretera Litoral Atlántica. Miembros de la comunidad informaron a Sirel que en este momento hay helicópteros sobrevolando la zona y tanquetas lanza agua. Temen que al caer la noche pueda desatarse una represión generalizada contra las familias campesinas.

“Intervinieron militarmente la comunidad y hay helicópteros sobrevolando la zona. Los cerros a nuestro alrededor están llenos de militares. Aparentemente están buscando armas y les han quitado los machetes a los campesinos -dijo alarmado a Sirel el directivo del Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP) Wilfredo Paz-.

Ayer, ante el inminente desalojo de la toma que manteníamos en la carretera frente a la comunidad, nos comunicamos con funcionarios del gobierno. Acordamos suspender la toma y reunirnos hoy con una comisión del gobierno, para abordar las demandas que impulsan las organizaciones campesinas y tratar de solucionar esta grave situación.

Sin embargo -continuó Paz-, a las 5 de la mañana llegaron más de 600 uniformados entre militares y policías, con dos tanquetas lanza agua. Rodearon la zona e invadieron la comunidad. La tensión sigue muy alta. Por el momento no ha habido una fuerte violencia física, sólo algunos golpeados, pero sí un fuerte acoso. Los policías filmaban y tomaban fotos de las personas, las registraban y hasta tuvimos que cerrar la radio comunitaria Orquídea, porque fue rodeada por militares fuertemente armados”, explicó el directivo del FNRP.

Según el directivo del MCA, José Santos Cruz, la actitud del gobierno y de los cuerpos represivos del Estado es absurda e irresponsable.

“Estamos pidiendo que cese la militarización, la represión contra las familias campesinas y que se resuelvan los conflictos agrarios. Lo estamos haciendo de manera pacífica, sin embargo el mes pasado nos asesinaros a cinco compañeros. La respuesta ahora ha sido más militarización y más represión. Ante estos hechos, las organizaciones campesinas no vamos a renunciar a nuestros derechos.

Vamos a seguir luchando hasta que nos den respuesta a nuestras legítimas demandas. Las tomas de carreteras no van a parar”, aseveró Cruz.

“La comunidad está secuestrada. Buscan a los supuestos ‘guerrilleros’. Es evidente que estamos ante una verdadera campaña de represión y violación a los derechos de las familias campesinas. La Guadalupe Carney es propiedad de estas familias y ha sido intervenida militarmente sin ninguna orden judicial, sin nada, sólo con el poder de las armas.

No hay duda de que detrás de este nuevo intento de criminalizarnos está la mano de Miguel Facussé y de los otros terratenientes. El gobierno está ejecutando sus órdenes”, concluyó Wilfredo Paz.

Secuestran a familias campesinas

Según la Red Morazánica de Información, un bus en el que viajaban unas 60 personas, entre niños, jóvenes y adultos, de la empresa campesina “Los Marañones” del Movimiento Unificado del Aguán (MUCA), fue detenido y secuestrado por guardias privados de los terratenientes de la zona, en presencia de policías que no intervinieron. Horas después fueron liberados no sin haberlos antes identificado y registrado.


“La violencia no detendrá nuestra lucha”. Hace un mes de la masacre que tiñó de sangre el Bajo Aguán

Hace un mes, el 15 de noviembre, Teodoro Acosta, Ignacio Reyes, Raúl Castillo, Ciríaco Muñoz y José Luis Sauceda Pastrana, todos miembros del Movimiento Campesino del Aguán (MCA), fueron brutalmente asesinados por grupos paramilitares a sueldo del terrateniente y productor palmero Miguel Facussé Barjum.

Una masacre que tiñó nuevamente de sangre el Bajo Aguán, enlutando a las familias campesinas que luchan para reapropiarse de las tierras que les fueron usurpadas por terratenientes ávidos de dinero y poder.

“Después de haber pasado más de tres meses negociando sin mayores resultados para recuperar 570 hectáreas de tierra que nos pertenecen, decidimos ir al lugar para hablar con el ingeniero y enseñarle los documentos que teníamos -recuerda José Santos Cruz, directivo del MCA-. Cuando llegamos, la sorpresa fue que los guardias de seguridad comenzaron a disparar sin mediar palabras. Comenzamos a correr entre las palmeras, mientras llegaban más y más guardias que nos persiguieron hasta dentro de nuestra propiedad.

El tiroteo fue impresionante. Eran ráfagas y ráfagas. Los compañeros comenzaron a caer y fueron rematados a sangre fría. Creían que como no tenían armas no les iban a hacer nada y se rindieron. Fue una masacre sin sentido”, aseveró Santos Cruz. La mayoría de los caídos eran fundadores del MCA.

“Compañeros que trabajaban con el corazón, con ideales, sin armas. Ahora quedan las viudas y los huérfanos. Los vemos llorar, pidiendo por sus padres, y la comunidad está ayudando con lo que pueda. La situación es difícil y hay un sentimiento de impotencia ante tanta violencia y militarización. Quieren que reaccionemos con violencia para justificar la represión. Pero no lo van a lograr.

Nosotros vamos a seguir luchando con las armas de la unidad y la resistencia, exigiendo lo que nos pertenece y pidiendo al mundo que nos apoye”, concluyó el directivo del MCA.

El último saludo

Entre los testigos de este acto de violencia está un joven que prefirió mantener el anonimato. “Desde que ocurrió la masacre prefiero mantenerme en la casa y no salir. Siento que mi vida está en peligro y tengo miedo por lo que me pueda pasar -explica visiblemente preocupado a Sirel-.

Llegamos a la finca ‘El Tumbador’ de manera pacífica, desarmados, y cuando los guardias comenzaron a disparar y a llamar refuerzos, empezamos a correr. Dos de los compañeros que estaban a mi lado fueron heridos: uno en la cara y el otro en la pierna. Conmigo estaba Ciríaco Muñoz, y los cargamos hasta la calle pavimentada donde nos estaba esperando un carro. Ayudamos a montar a los heridos al vehículo, mientras la zona se llenaba de guardias. Me despedí de Ciríaco para llevar los heridos al hospital. Esa fue la última vez que lo ví. Horas más tarde me dijeron que lo habían asesinado”, recordó el muchacho.

Continuando con sus dolorosos recuerdos, el joven explicó que los grupos paramilitares de Miguel Facussé no tuvieron ninguna piedad para los heridos.

“A Ignacio Reyes lo encontraron muerto de un tiro en la cabeza, mientras que mi hermano me contó que vio cuando hirieron a Teodoro Acosta. Teodoro no podía correr porque tenía problemas en un pie. Estaban juntos cuando los guardias los emboscaron. Mi hermano logró esconderse, mientras que a Teodoro lo agarraron y lo mataron”, explicó a Sirel.

José Luis Sauceda también fue asesinado a sangre fría. El joven que tuvo el valor de contarnos estos hechos recuerda que un amigo estaba muy cerca de José Luis cuando fue herido. Logró esconderse bajo un cúmulo de hojas y escuchó cuando llegaron los guardias. “Se reían y le decían que se despidiera y que dijera las últimas palabras. Enseguida resonó el disparo. Cuando lo encontraron tenía la cara desfigurada por las balas.

Fue muy triste lo que vivimos. Han caído compañeros para defender nuestras tierras. Han caído sin la posibilidad de defenderse, y toda esta situación va a generar más violencia. Si me llegara a pasar lo mismo, espero …”.

El joven no pudo continuar y rompió en un llanto de tristeza y rabia.

Rel-UITA / La Haine